
Es paradójico que nuestras conciencias y hasta el alma nacional, se vuelva a poner de pie y esté alerta, cuando graves problemas pasen en nuestro país, al dolor de la perdida de trabajo, esfuerzos, ganados y mascotas, debido a la erupción del Volcán Chaitén y de la posterior inundación del pueblo; nos preocupa especialmente, el desarraigo y la soledad que pueden estar sufriendo nuestros hermanos, como católicos se nos hace necesario, en los lugares donde estemos y con las responsabilidades que nos tocan incluso aquél enfermo que está en su casa postrado, puede hacer algo, su oración, los demás tendremos que poner desde nuestro trabajo en adelante, lo que importa es que no nos deje indiferente, como dio hace muchos años atrás el querido y recordado Cardenal Silva: “…El amor apremia; hay una urgencia de amar…el amor es servicio al hombre y el hombre pasa por la tierra una sola ves. Por eso es que el amor apremia; un ser humano no puede ser postergado a un mañana o a un tal vez… No podemos permitir que una generación o un sector de de nuestro pueblo, sienta transcurrir y pasar en amarga impotencia, su oportunidad única de vivir humanamente” (Homilía 18- 09-75) La palabra y la acción ahora es nuestra ¿Qué haremos?

